¡Naranjas de la China!

¿Sabías que “naranjas de la China” es una expresión popular para expresar escepticismo acerca de la existencia de una cosa o la verdad de una afirmación? Viene de la época en la que la gente no creía que las naranjas vinieran de un lugar tan exótico y lejano. Actualmente, las naranjas de la China son los deliciosos kumquats o quinotos.

Y sin embargo era verdad:las narajanjas realmente vinieron de China

Un interesante libro de Maguelonne Toussaint-Samat, una escritora francesa nacida en 1926, premiada por la Academia Francesa y autora, entre otras numerosas obras, de unos veinte libros sobre alimentos y cocina, es “Historia natural y moral de los alimentos”, publicada en 1991. Precisamente en este libro la autora explica que la primera mención escrita de la naranja es un antiguo manuscrito chino escrito más de dos mil años antes de nuestra era, en el que se narra que una cesta con pomelos y naranjas envueltos en un pañuelo de seda bordado, fue entregada como tributo al emperador Tayun. Así es que las naranjas pasaron de la China a la India y de la India a Occidente siguiendo la ruta de la seda, o tal vez de Palestina por la ruta de los cruzados, o de Cartago a Sicilia y de allí al resto de Europa… Todavía es un misterio.

Naranjas en todos los idiomas

Una cosa son las variedades de naranjas y cómo sus nombres se han adaptado a la lengua española, por ejemplo la Washington que es conocida como Guasintona o la Newhall llamada Neujol, y otra muy distinta es cómo se dice “naranja” en otras lenguas. Es interesante saberlo porque los nombres nos dan pistas acerca de cómo la naranja se extendió por todo el planeta: por ejemplo en Grecia se llama “portokalos” ya que fue llevada a ese bello país por los portugueses. Naranja proviene del sánscrito “narangah” que quiere decir algo así como … ¡veneno para elefantes! En realidad, una antigua leyenda narra que un elefante fue víctima de su propia glotonería comiendo naranjas. Casi sin modificaciones pasó del sánscrito al árabe y del árabe al castellano; en la mayoría de las lenguas los nombres son modificaciones o adaptaciones de esta palabra o de la inglesa “orange” como también se llaman en francés. Otra curiosidad: no todos los países de habla castellana llaman naranja a la naranja; por ejemplo en algunos países centroamericanos como Puerto Rico y la República Dominicana se llama “china”, como un homenaje a su origen oriental.

Las actuales naranjas de la China

En la actualidad, se llama “naranja de la China” a un cítrico muy curioso: es el más pequeño de la familia, el único de cáscara comestible, llamado naranja enana, kumquat o quinoto. La pulpa es muy ácida por lo que, como fruta fresca, se consume solamente la piel. En realidad, es ideal para preparar conservas como quinotos o kumquats en almíbar, encurtidos o agridulces, en vinagre o almíbar, aromatizados con canela y clavo de olor.

Foto: vía Wikimedia

Etiquetas naranjeras y papel de seda español

Antes de la “era Internet” los productores de naranjas envasaban las frutas en cajas de diversos tamaños que se decoraban con un testero, cartel, cromo o más sencillamente, etiqueta naranjera. Por lo general llevaban algunos datos del productor, pero se destacaban por su creatividad y colorido. Un recorrido por antiguas reservorios en museos o en los hogares de entusiastas coleccionistas de etiquetas, nos invita a hacer este viaje por la historia.

Los comienzos
Los cromos o etiquetas naranjeras comenzaron a utilizarse en la década del 20 del siglo pasado, ya que los productores deseaban diferenciarse, identificar sus naranjas y llamar la atención de los clientes utilizando diversos diseños como figuras humanas, animales, flores, motivos folklóricos o mitológicos o lo que la imaginación dictara. En realidad según los estudiosos del tema, es interesante hacer notar que recién después de la Guerra Civil Española, estos diseños comenzaron a incluir la imagen de la fruta como elemento principal. Los cromos se utilizaron hasta la década del 60 del siglo XX, cuando las cajas de cartón o plástico comenzaron a ser impresas y las etiquetas dejaron de utilizarse.

Papel de seda español
Según un estudio del año 1996, existieron desde comienzos del siglo XX más de 3.400 marcas de naranjas. El Museo de la Naranja de Burriana, por su parte, conserva más de 5000 carteles de naranjas, y se cuentan varios coleccionistas que publican sus tesoros en Internet. Otro delicado detalle era el papel de seda en el que se envolvían las naranjas: existieron más de tres mil marcas de papel de seda español; una espectacular colección se puede visualizar en el sitio “legufrulabelofolie”.   La finalidad del papel de seda era ofrecer al cliente una vista más lujosa y apetitosa de la fruta, proporcionar un distintivo de calidad, identificar a la empresa, y también proteger y conservar la fruta, ya que el papel de seda evitaba que la podredumbre de una naranja se contagiara a la de al lado. Los primeros papeles de seda eran lisos y sin inscripciones y datan de 1826; los primeros impresos son de comienzos del siglo XX.

Oficios de la naranja

La creación e impresión de los carteles o cromos, y también la fabricación del papel de seda implica la existencia de oficios hoy desaparecidos, al igual que las personas que trabajaban en la producción de las fincas. Por ejemplo, las cajas se fabricaban directamente en la línea de playa a la que llegaban los grandes carros cargados de naranjas recién cosechadas. Para envolver las naranjas en papel de seda se contrataban mujeres llamadas empapeladoras; trabajaban de cuclillas en el suelo, alrededor de las montañas de cítricos.

Foto: vía etiquetasdefrutas

Foto: vía Museo de la Naranja

Historia de los cítricos

Los cítricos, con su aspecto colorido y perfumado, impresionan a los viajeros de todos los tiempos. Aunque en la antigüedad los frutos cítricos no estaban integrados a la dieta, sí eran conocidas las propiedades de las flores y aceites esenciales de los frutos para la elaboración de perfumes y otras sustancias químicas como repelentes de insectos. Debía pasar mucho tiempo hasta que las naranjas pasaran a formar parte de la gastronomía mundial.

Un origen incierto
Se cree que los primeros cítricos aparecieron en Medio Oriente; el antepasado más antiguo conocido, es la variedad Citrus medica L., que probablemente Alejandro Magno introdujo en la cuenca del Mediterráneo desde la India… y todavía se cultiva. Su fruto es la cidra, poncil, limón francés o toronja, muy apreciada por sus propiedades aromatizantes y usos medicinales, ya documentados por Plinio el Viejo en su Historia Naturalis; de hecho, sus semillas ya eran conocidas 4.000 años antes de nuestra era. Este fruto, llamado etrog en hebreo, es una de las especies rituales utilizadas en la fiesta de Sucot. Llegó a América de la mano de los conquistadores, que lo introdujeron en Florida, Puerto Rico y California. Antiguos murales egipcios muestran árboles de cítricos, y también hermosas cerámicas de Pompeya y Cartago. En realidad, no se sabe muy bien cómo el cidro evolucionó hacia los exquisitos cítricos actuales como la naranja dulce, el limón, el quinoto o kumquat y el pomelo, pero sí que su cultivo se extendió por el norte de África, España y Siria y que la llamada “naranja Portugal”, en el siglo XV, produjo una verdadera revolución en el cultivo de cítricos.

La mandarina y otros cítricos se dan a conocer
Las mandarinas eran conocidas en China alrededor del siglo X, pero no en Europa, donde llegaron sólo a comienzos del siglo XIX: fueron un regalo de una provincia mandarín a Inglaterra. Otro cítrico, el pomelo (Citrus Grandis) por influencia del idioma inglés se confunde con la toronja (Citrus paradisi), llamada también Shaddock y “manzana de Adán”; apareció en Palestina a comienzos del siglo XIII y fue cultivada por los árabes. Este cítrico era considerado incomible hasta que Al Duncan, en 1892, consiguió unas plántulas con mejor resultado, tanto que el fruto se llamó “pomelo Duncan”: el árbol original todavía vive en Florida. El limón, por su parte, fue mencionada por primera vez en Europa por Sir Thomas Herbert en su libro de viajes: descubrió naranjos, limoneros y árboles de lima frente a la isla de Mozambique a mediados del siglo XVII.

Comienza la industria americana de la naranja
Las primeras semillas de cítricos de América fueron introducidas por Cristóbal Colón en la isla de Haití en 1493; para 1565 ya crecían felizmente en Florida y Carolina del Sur. En 1790 se exportaron alrededor de 3000 galones de jugo de naranja, pero la industria comenzó a desarrollarse rápidamente a partir de 1821, cuando los españoles abandonaron sus territorios en América. Así comenzó la historia de esta fruta que hoy podemos saborear fresca, congelada, en mermeladas y jugos concentrados.

Hespérides, las manzanas de oro

Se cree los navegantes griegos, al pasar por las costas de Valencia, descubrieron las naranjas, doradas como las manzanas de oro del mitológico Jardín de las Hespérides. De allí provienen todos los nombres científicos relacionados con la naranja: hesperidium (tipo de fruto) y hesperidina (flavonoide contenido en la piel de la naranja). A continuación, la famosa leyenda de las Hespérides.

Manzanas de oro¿Quiénes eran las Hespérides?
Según la mitología griega, las hespérides eran unas ninfas encargadas de cuidar un jardín que poblaba la cima del Monte Atlas, y que había sido el regalo de bodas que recibió la diosa Juno al casarse con Zeus, el rey del Olimpo, de parte de su suegra, la diosa Gea. Las hespérides eran las tres hijas de Héspero, el dios de la tarde, y además de ellas (ya que las manzanas eran muy codiciadas, por las hespérides y las atlántides entre otros seres maravillosos), el jardín era custodiado por también por Ladón, un impresionante dragón de cien cabezas.

El trabajo N° 11
Si algo te resulta familiar, es porque el anteúltimo trabajo de Hércules fue, precisamente, robar manzanas del jardín. En realidad, según la mitología, Hércules debía realizar diez trabajos, pero parece que después se le encomendaron dos más, ya que Euristeo no quiso contabilizar aquéllos en los que el semidiós había recibido ayuda… Así, el trabajo N° 11 fue robar manzanas del jardín de las Hespérides. Hércules no sabía dónde se encontraba el jardín, de manera que primero tuvo que capturar a Nereo, dios del mar, para obtener esa información. Según otras versiones de la leyenda, Hércules le pidió ayuda a Prometeo, liberándolo de su eterno sufrimiento a cambio de su ayuda, y en algunos casos Hércules también como parte de este trabajo mata a Anteo, un gigante hijo de Poseidón y Gea, que obligaba a luchar con él a todos los que pasaban. La mitología nos explica que Anteo era invencible mientras sus pies tocaran la tierra, y Hércules pudo vencerlo colgándolo de un árbol. Tras algunos artilugios, como engañar al gigantesco Atlas para que fuese él a buscar los frutos mientras Hércules sostenía los cielos, nuestro héroe consiguió las manzanas de oro y se convirtió en el único que pudo robarlas.

Naranjas de Marruecos
El Jardín de las Hespérides se encontraba en el Monte Atlas, en la actual Marruecos; de hecho, se cree que las famosas manzanas de oro no eran otra cosa que… naranjas. Las naranjas marroquíes se caracterizan por su buen sabor y color; sobre la costa atlántica se producen naranjas tipo Valencia, aunque en realidad hay más de treinta variedades. La zona del Gharb, con su clima cálido y húmedo, es uno de los pocos lugares donde todavía se producen naranjas sanguíneas.

Foto: “The Garden of the Hesperides”, c. 1892, de Frederic Leighton (1830-1896), Museo de Liverpool

La verdadera magia de las naranjas

¿Sabías que en el siglo XVIII se pusieron de moda los autómatas, unos juguetes animados por ingeniosos mecanismos de relojería? ¡Algunos eran tan perfectos que sus creadores eran acusados de “brujos”! Uno de los más sorprendentes fue inventado por Jean Eugène Robert-Houdin, un relojero e ilusionista considerado el padre de la magia moderna, y se trataba de… un naranjo mecánico. Si algo te resulta familiar, es porque aparece recreado en la gran película “El Ilusionista” estrenada en el año 2006, basada en la novela de Steven Millhauser “Eisenheim the Illusionist”.

NaranjoEl truco original
Los árboles autómatas inventados en aquélla época combinaban mecanismos de relojería, aire comprimido y cuerdas para crear la ilusión del crecimiento, floración y fructificación. El truco consiste en solicitar a una mujer del público un pañuelo (algunos magos solicitan un objeto de valor para hacer más intrigante el espectáculo); éste será devuelto por unas mariposas que salen volando desde el árbol lleno de naranjas. En el truco original el mago solicitaba el pañuelo y lo ponía junto con un huevo y un limón, dentro de una naranja. La naranja era comprimida, convertida en polvo y vertida dentro de un frasco con “espíritu de vino” (alcohol etílico con agua). Luego aparecía el naranjo; el mago encendía un fuego debajo del árbol con el licor de naranjas provocando la floración completa del árbol. Un golpe de varita mágica y las flores se convertían en naranjas que eran regaladas al público, todas excepto una naranja que quedaba en el árbol. Otro golpe de varita mágica y la naranja se abría en cuatro gajos, dejando escapar las mariposas que sostenían delicadamente el pañuelo. El naranjo fantástico fue el truco que hizo famoso a Robert Houdin, tanto que al cumplirse cien años de su muerte, en 1971, Francia le dedicó un sello filatélico.

El truco revelado
El misterio del árbol de naranjas se debe a una ingeniosa combinación de elementos, como se puede ver en este video,  sin embargo, el truco de Houdin se sigue utilizando y muchos magos lo han incorporado a sus espectáculos a lo largo del tiempo, inclusive los magos modernos, pues sigue fascinando y divirtiendo al mismo tiempo a un público dispuesto a creer lo increíble y disfrutar de los trucos realizados con habilidad y rapidez.

Más acerca de las naranjas y la magia
En realidad, la naranja es un fruto estrechamente relacionado con la magia; otro truco muy popular consiste en pedirle a alguien del público que elija una carta de un mazo, para hacerla desaparecer y volver a aparecer… ¡dentro de una naranja! Más allá de los trucos, la verdadera magia de las naranjas está en su color, su frescura, su sabor inigualable y la ilusión de tener entre las manos el dorado y dulce sol del verano todo el año.